Crónica urbana
El eclecticismo arquitectónico que sobrevive en Montevideo
Una caminata visual por los barrios que resistieron la modernización a cualquier precio.
A fines del siglo XIX, Montevideo recibió una oleada de arquitectos formados en Italia, España y Francia que traían consigo catálogos de estilos que en Europa ya empezaban a considerarse pasados de moda. Aquí, lejos del debate académico parisino, esos estilos encontraron tierra fértil. Los comerciantes inmigrantes querían fachadas que hablaran de prosperidad y de origen al mismo tiempo: una moldura neoclásica encima de la puerta, un balcón con hierro forjado de influencia francesa, una cúpula modesta que recordara a la arquitectura civil madrileña. El resultado fue una ciudad que nunca eligió un estilo único, sino que los acumuló con generosidad. Hoy, esa acumulación —que los puristas del siglo XX llamaron desorden— es exactamente lo que hace que caminar por el Barrio Sur o por la Aguada sea una experiencia visualmente densa. En una sola cuadra podés ver cuatro momentos históricos distintos coexistiendo sin pelea. Este artículo recorre las zonas donde esa convivencia es más visible, habla con el arquitecto Ramón Espínola sobre por qué Montevideo no demolió tanto como Buenos Aires, y propone una lectura de ese eclecticismo no como falta de criterio sino como estrategia de identidad colectiva no planeada.
Espínola lo explica con una claridad que desearías haber escuchado en la facultad: «Montevideo nunca tuvo el capital suficiente para demoler rápido. Eso que pareció una limitación fue, en retrospectiva, una forma involuntaria de preservación». La ciudad que no pudo renovarse del todo terminó siendo la que conservó más capas. Cada fachada art déco del Cordón, cada columnata del Palacio Salvo y cada ventana con contraventanas de madera pintada en Pocitos cuenta una decisión económica que derivó en estética. La rose-warm luz del atardecer sobre esas superficies de piedra caliza y ladrillo revocado tiene algo de cuadro holandés trasplantado al sur del continente. Si querés hacer tu propio recorrido, el artículo cierra con un mapa de doce puntos en tres barrios donde el eclecticismo es más evidente y más fotografiable.
